sábado, 30 de enero de 2016

El cadáver que todos somos

    La vida y el devenir disponen un tránsito hacia lo inevitable. El individuo anda solitario, sorteando la incertidumbre de la existencia… Siempre en busca de respuestas y tratando de entender el porqué de la tristeza y la angustia. Él habla diariamente con la muerte que cada día pretende robarse a los vivos con sus giros de angustias y luchas. Morbosamente, esa muerte disfruta de ver la confrontación del ser con la agonía del desánimo, el dolor o la incertidumbre de saber si será posible que haya un nuevo momento; o a lo mejor, la zozobra del careo consigo mismo; o simplemente, de la nostalgia que corroe la existencia y nunca encontrará la libertad infinita. 

   Esta vez, el poeta Juan Carlos Olivas nos brinda un poemario ya no solo de un recorrido introspectivo —como han sido otros de sus poemarios anteriores– sino que en Los seres desterrados, el hablante levanta la mirada y observa de frente la caída inevitable de los demás, como un espejo de la expiración propia. 

   Aunque la soledad carcome al individuo como una especie de enfrentamiento con “muchas muertes diarias”, se hace evidente el individuo que observa a los muertos: “…ignora que el cadáver / que ahora flota en la corriente / y que tanto quiso ver, / no es ya el cadáver de su enemigo / sino él mismo. 

   El poemario Los seres desterrados nos recuerda que la muerte no es del individuo…” que no estás solo, / tenemos esta muerte colectiva /que nos une, /y la hermosa necedad / de ser eternos”. No importa quiénes sean o hayan sido, cada uno con sus sueños, logros, y frustraciones, caminarán con pretensión de sobrevivencia –hoy y para siempre– hacia la consumación. Así, en Los seres desterrados, la soledad del hablante –que se evidencia en los primeros poemas del libro–, abre una ventana para ver a los otros: a los que ya murieron o a los que, también, fueron construidos con el mito cercano a la muerte. 

    Todos sin redención, todos desterrados en su inevitable circunstancia. Frente a los otros y frente al individuo “solo” que los observa para enfrentarse a su propia muerte. 

   Ve cadáveres… Cadáveres que alguna vez no lo fueron… y, en la exaltación, continúan vivos. El poemario también recorre por esos momentos de muerte: Carver en formol; Pessoa reducido en manos de sus heterónimos, la muerte momentánea del hablante junto con Beatriz; o la entrega de la muerte frente al amor como María Antonieta. 

     Ellos y otros “muertos”: los del mito griego, los del estado onírico de los artistas, los que construyeron templos con su música o con su poesía: todos ellos juntos en lo inevitable… en la predestinación. Así, el poemario viaja por la muerte de varios personajes, escritores, músicos y artistas: todos comparten un mismo final con glorias y muertes distintas. En la tumba están sus sueños y preocupaciones. Para algunos un ascenso a la inmortalidad: Hendrix con su guitarra, Pessoa con su sombrero, Plath siempre poeta…Siempre mujer; Mercury, Chagal, Dalí…siempre inmortales... Siempre alucinantes. Todos reunidos en el espacio ineludible. 

     Con versos cadentes llenos de firmeza, en este poemario de Juan Carlos Olivas, se hilan los significados uno con otro…Poema por poema, para armonizar el sentido completo del poemario —esta es una de las fortalezas ya recurrentes, notable en la poesía de este autor—. Da la sensación que el hablante construye el sentido, mientras pasea al lector de poema en poema para encontrar la significación: del poemario y de la existencia misma. 

   Versos con un lenguaje bien pensado, construcciones cohesionadas con los significados, cuidado y precisión lingüística y literaria son notables en la producción poética de Olivas, y no es la excepción este poemario: sin duda estamos ante un poeta con la madurez que solo mediante un trabajo persistente y dedicado podría surgir.

     Los seres desterrados —otro acierto poético de Olivas— con poemas hechos con solidez de forma y sentido, nos dice que todos estamos juntos en este destierro, donde nos detenemos para, luego, seguir el recorrido hacia allá: donde todos también estaremos.

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