viernes, 8 de noviembre de 2013

Presentación de Poemas para no leer en tu funeral



Poemas para no leer en tu funeral

** Presentación del libro
Por Emilia Fallas

Un acercamiento con la poesía lleva un primer momento de diálogo con el poema, antes del análisis formal. Implica una conversación con el hablante y dejarse llevar por la sensoriedad y provocación que genera, de modo que nos transfiera y pueda ser disfrutada la descarga de sensaciones que provoca el texto poético: generar un diálogo intersubjetivo.

Poemas para no leer en tu funeral, en un primer momento, me mostró un texto cargado de un amor que se trunca por lo inevitable y se expresa de una forma muy sentida del dolor en los distintos poemas.

Me obligó a hacer algo, que para los académicos y teóricos tradicionales como Barthes o Goldman, sería literalmente una barbaridad, porque  criticaron la tendencia a estudiar las obras en relación con el autor y su biografía; ellos eliminaron el autor como un sujeto individual. Sin embargo, fue  ineludible,  y preferí hacer una   apropiación, de aquellas a las que se refería  Focault a partir de las preguntas ¿Quién lo escribió?, ¿de dónde vino el texto?

De todas formas, ya MARCUSE, también apelaba hace mucho a que  “La expresión de una obra se suele considerar una cualidad que designa al autor, que nos lleva directamente a él, a través de la vivencia de la obra, y en la medida que ahondamos en su profundidad latente.

Este acercamiento biográfico, lo creí  importante para interpretar mejor este poemario tan íntimo, pues, como lo ha dicho el autor, "es un poemario muy honesto", desde estados personales. Así,  no pude hacer la primera lectura sin que me identificara con esa  inmensa carga emocional, muy sentida que transmite… que es tan vivencial y tan auténtica. Me provocó ir a ese espacio intersubjetivo con una conexión aún más llena de sensibilidad y de recepción,  en la relación texto-autor- y yo como lectora.

La relación a partir de la experiencia de Cristian Alfredo, que no mencionaré aquí, pero nos presenta y se unifica en un yo lírico constante en los poemas con un inmenso componente emocional, que es sólido y homogéneo en todo el poemario.  Y establece esa comunicación sensible y desolada con  el lector.
Es posible, a partir de la lectura, sentir esa perplejidad ante las circunstancias adversas que nos refleja un yo lírico distante; a su vez, que mira su mundo cercano, pero separado por su espacio interior y que trata de identificar mediante conversaciones y preguntas consigo mismo ¿cómo enfrentar las circunstancias, el mundo, el hijo…? en fin, una realidad cargada de ausencias.

Así entonces, Poemas para no leer en tu funeral lleva desde el inicio hasta el final por una línea consistente que se forma alrededor del alejamiento, de un yo lírico que está permanentemente lleno de sentimientos profundos y arraigados en el amor truncado por el devenir y por la adversidad.

            Hay un amor injusto por la causa inevitable que trasciende en lo inhumano, en lo indescriptible del destino, en lo impensable y lo impotente frente a una existencia sin respuestas –como es la muerte- que intenta la aceptación entre “cervezas y adoquines, sencillamente dejarte ir…”

El hablante afronta la muerte como una experiencia irracional;  como una circunstancia  en su entorno y nos da la sensación de un camino con preguntas recurrentes que se pueden deducir: ¿ahora qué?, ¿cuál es el rumbo?, ¿cómo se vive con esto?

    Aquí funciona la premisa que el poeta tiene la capacidad de transfigurar su inquietud personal,  el dolor, la incertidumbre ante los acontecimientos en una dimensión universal, pues transmite plenamente esa carga emotiva.

Hay, también,  una perturbación del yo que profundiza en su intimismo,  que mira su entorno con lejanía, distraído, sin entender,  que transmite un amor lastimado y la incomprensión de ese devenir.
Todo el poemario tiene esas líneas comunes y en forma homogénea, en cuanto a sus representaciones de sentido. Como lo refleja un poema que dice

Aquí, con la fe del asesino, /con el grito del tirano que reclama su presagio: /caminar con insistencia sobre estos andenes, / viejos y corroídos andenes de la vida / donde a la luz de un nuevo trago /otra vez la vida acaba.

¿cómo se presentan estos elementos en la estructura del poemario? ¿Cuáles recursos utiliza el poeta para elaborar el discurso poético?

Poemas para no leer en tu funeral está compuesto por tres partes secuenciales.
    Asimismo, el título da origen a  esa secuencia, pues  se encadena desde el mismo título, que tiene una intencionalidad clara y provocadora, y adelanta ese espacio, con el que nos encontraremos en la lectura y que es un espacio asociado con el dolor ante la muerte.

    La primera parte   lleva el mismo título del libro. Aquí refleja  el contacto cercano con la muerte inevitable de la pareja que, simbólicamente, llega a ser también la misma muerte en vida del hablante, pues muestra un yo devastado por la pérdida, la ausencia y la incertidumbre ante la muerte, a partir de los recuerdos y que ve como una broma siniestra.

    También presenta con nostalgia un espacio y un mundo circundante asociado con esa lejanía que es nebulosa  e interiorizada por el hablante. Señala

Cómo he luchado / años y años contra la ciudad /de transparencia y murmullo interminable, /y ya no me queda un paisaje, una caricia, /un simpático niño reincidente y extraviado / aproximándose a tus pies / antes de aproximarme al regreso. (Poema “Lunes”)

    Todo en medio de la inconclusión del amor, de la vida y de los sueños.

    Aquí también, ante los recuerdos, hay una entrega desde el hablante que está inacabada, frustrada y hasta, a veces, se autodestruye con  denominaciones decadentes que  se hace a  sí mismo como “este cobarde ladrón” o como el “hombre oscuro que no ha encontrado su delirio”.

    Es un hablante que trata de procesar la despedida. Y nos dice:
No sé si puedes oírme, / si todavía crees que mis palabras/ te engañan y te lastiman, / descendiendo neutras y vacías desde tu vientre /como un débil artificio.

Toda esta primera parte está elaborada como una serie de  conversaciones desde el hablante hacia los recuerdos, la despedida y esa pareja ausente.

La segunda parte del libro, “Cartas a un ángel terrible”, presenta un espacio mucho más intimista y cuestionador del hablante. Es un punto entre el desencuentro y encuentro con él mismo,  frente a lo inmediato, y vemos un espacio interno lleno de dudas ante  la interacción con su mundo cercano.
     Aquí hay  un diálogo ante lo aún inexplicable y la incertidumbre.

    Se perciben más los espacios emocionales e íntimos del hablante, que se encuentra lejano, muy disperso y retraído: observa el mundo y al hijo de cerca, pero  con una actitud distante porque el hablante está lleno de preguntas existenciales, aún sin respuestas.

    Esto es claro en el poema “La medida exacta del universo”, en un hermoso fragmento que describe esa retracción  ante el mundo.

Me reclamaste porque yo no estaba / para defenderte de azuladas serpientes / que se muerden la cola / pero sí estaba / puedo asegurarlo por esta larga tristeza / que se expande y se termina /y por este instante efímero y eterno / en el que condena /mi esperanza / con el ardor de los vencidos.

     También, en el poema “Tatuaje en el viento”, hay un fragmento, que ejemplifica ese cuestionamiento constante, que intenta entender y enfrentar la ausencia:

¿Y si la tarde cae, / y si todos los presentimientos son solo una excusa / para no olvidar tanto suplicio? / ¿si ya no tienes la fórmula / para borrar tanto amor que hoy nos difumina?

     La tercera parte tiene una línea discusiva formada alrededor de la figura de la madre  y un tránsito entre el recuerdo y el retorno del yo; el eterno retorno, con el regreso a la casa.

    Así leemos a una madre triste, también angustiada y con cargas emocionales, que, por ejemplo,  se presenta en uno de los poemas que más me gustaron “Fotografía que cuelga en la pared”:

Mi madre y sus amantes distraídos /hombres que vinieron de un paraíso extranjero /celebrando su hilarante felicidad. /No tuvo tiempo para hacernos felices […] Tantas veces la miré / cruzando la puerta como los pudo repetir, diciendo adiós como se dice ausencia.

     En cuanto a  los  recursos para construir el discurso poético. Hay dos  que considero bien logrados 1) la elaboración de las imágenes y el tipo de discurso poético 2) La sonoridad de los poemas.

    La elaboración de imágenes y el discurso, Solera, utiliza dos formas:
·         algunos de los poemas aún conservan la metáfora e imágenes elaboradas en su construcción, que tienden a un estilo más trascendentalista  en cuanto a su forma; pero no así, es transcendental en su cosmovisión o concepto filosófico, porque, contrariamente, antes que trascender, el yo lírico se retrae, se vuelve hacia adentro, hacia sí mismo y el mundo se hace distante para él.

·             El otro estilo al que recurre con más énfasis es al estilo conversacional y, también,  la utilización, de la prosa. Es notable un constante diálogo consigo mismo, alrededor de lo inmediato y los recuerdos  de la amada ausente, la madre, del amor presente, del hijo que lo ve lejano.

Ambos recursos son distintos, en el primero utiliza una elaboración cuidada de la imagen y la metáfora; por ejemplo, dice

Aún cuando nadie te reclame / la temida rigidez de tu garganta, / la jaula de jabón en el jardín / o esa araña disuelta en millones de colores, /aferrándose a la muerte.

     En cambio,  los otros poemas más conversacionales y orientados a la prosa el lenguaje es más cotidiano y directo.

               Voy a explicarte por qué miento cosas, /por qué hay poemas que recojo de mis ojos / con total                         naturaleza, /o  por qué ingreso de nuevo a tu aposento /como todo un magnífico cobarde / repleto de                    soldados y horizontes taciturnos.

    El poemario, en forma general, muestra unidades melódicas y efectos rítmicos (efecto cascada), bien logrados; la sonoridad es  notable en todos los poemas.

     Poemas para no leer en tu funeral es un poemario muy íntimo, vivencial que lleva a los lectores a ser parte de ese duelo y ausencias sin respuestas. La lectura nos incorpora en esa vivencia y confusión ante la muerte a la que también, todos nos enfrentamos, inevitablemente.





Palabra de libélula

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