lunes, 10 de marzo de 2014

Poemario Bitácora de los hechos consumados de Juan Carlos Olivas



** Presentación del poemario Bitácora de los hechos consumados en la Feria del Libro de C.R., 2013
                     Por : Emilia Fallas, lingüista, UNED

Olivas es un autor, joven aún, que se consolida fuertemente con su  obra general y, particularmente, con un poemario nítido en su construcción, por el cuidado que tiene  la elaboración poética, y por la fuerza comunicativa de los poemas.
     Bitácora de los hechos consumados, cuyos galardones y premios, muy bien merecidos, son su carta de presentación: no en vano, ha obtenido los premios Aquileo J. Echeverría  y el Premio otorgado por la Academia de la Lengua Costarricense.
Este poemario está trabajado de manera muy minuciosa, al utilizar un lenguaje altamente sugestivo y provocador, pero, especialmente, integrador del discurso poético, que evidencia la fuerza y la tensión de las imágenes que presenta y que traslada desde los detalles mínimos del lenguaje, hasta una descarga muy fuerte de significados. Nos lleva a una poesía desgarrada por la misma temática que encierra: soledad profunda, muerte, angustia y poemas cargados de misticismo, de dolor, de inconclusión de la vida, del amor, de espacios internos sombríos.
               Me llama la atención, primero,  el cuidado como fue estructurado el poemario. Aquí el ordenamiento y la conformación de las partes tienen una intencionalidad, yo diría, provocadora de una multiplicidad semántica (como lo vería Ricour: un estado de tensión entre el sentido literal y la plurisignificación).
La estructura del poemario impresiona, porque no se trata de capítulos o partes del libro, a los que se les pone un título, sino que su constitución en movimientos musicales, están absolutamente bien cohesionados con la estructura y sentidos de los poemas internos de cada movimiento, y con  un hilo integrador entre el poemario y los contenidos. De tal forma que,  cuando se está leyendo el poemario, pareciera que empezáramos a caminar por un espacio, de algún modo, místico (que nos evoca el mismo  lenguaje y la estructura del libro), pero que, la misma estructura nos provee de un espacio casi audible, sonoro de la música clásica en un lugar y ambiente, imaginario,  místico, triste, como la misma desolación del hablante lírico que despierta el  discurso.
En otras palabras,  tanto la estructura, el ordenamiento y el discurso son capaces de generar una ambientación constante y consistente desde que inicia el poemario hasta que termina.
Esa integralidad conlleva la fuerza provocadora de sentidos en el poemario. Pareciera que todo el universo del texto está hecho y logrado intencionalmente para construir un mundo poético propio  e independiente, para generar la tensión poética.
Este recurso es uno de lo mejor logrados que he visto en un poemario pues, como lectora me lleva,  a  percibir ese mundo, y esa sonoridad que provee la ambientación… Y no estamos hablando de narrativa; seguimos hablando de poesía que nunca pierde su naturaleza y cohesión  discursiva en el poemario.
En el yo lírico,  encontramos un ser consistente con una personalidad atormentada, desolada; a veces, lúgubre, más cercana a la muerte o la soledad que a la vida.
Este yo lírico se convierte casi en un personaje, apegado y consistente con la ambientación que mencionaba antes. Pero lo más interesante es que el poemario  ha logrado unificar tan bien todas las partes, que nunca deja o pierde la nitidez de la construcción de imágenes poéticas con la consistencia y fuerza semántica de lo sombrío y triste que comunica el hablante lírico.
Nunca, deja de ser poesía y nunca  pierde la calidad de la imagen poética.
Indiscutiblemente, solo estoy mencionando una pequeña parte de la elaboración discusiva de este poemario, pero creo que el nivel de este poemario es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos ya en nuestra historia literaria costarricense, porque da un salto a una elevación poética integral entre la forma, el contenido y la provocación de sentidos de una manera sincronizada; pero que,  lejos de llevar al lector a una lectura rígida, quizás por esa estructura tan elaborada, logra, más bien, cargar de una fuerza sensorial profunda.
      Yo, por mi parte, me siento muy contenta y orgullosa como lectora, pues en tiempos en que se habla tanto de los premios, creo en estos dos (el Nacional y el de la Academia), no hubo margen de error. Es un poemario muy cuidado y  pensado integralmente. Yo lo veo, finalmente, como una cadena de palabras, estructuras y sentidos que nunca se rompe.


Palabra de libélula

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