domingo, 31 de enero de 2016

Lectores a fuego lento







Por Emilia Fallas

--- Este artículo fue publicado el Áncora del periódico La Nación, el domingo 31 de enero 2016. Enlace: 
http://www.nacion.com/ocio/artes/Novela-premiada-Ali-Viquez-Lectores_0_1539846062.html


Cuando un autor escribe sobre temas controversiales sucede, con frecuencia, que la crítica y los comentarios sobre de ese libro restan importancia a los aspectos literarios, porque sobreponen acotaciones que gustan al morbo colectivo –por lo polémico de los temas– y dejan de lado la relevancia de la obra en sí, cuando la tiene.

Recién finalicé de leer el libro El fuego cuanto te quema, del escritor costarricense Alí Víquez (EUNED, 2015), ahora ganador de Premio Nacional Aquileo Echeverría en la rama de novela. Si bien es cierto este libro plantea temas desde perspectivas (voces) muy polémicas y agudas, sin duda, muy sensibles para la mayoría de personas, yo quisiera resaltar antes que su contenido –y lejos de cualquier morbo simplista– la habilidad narrativa y creación del mundo ficticio como está cimentada la novela. La pericia de unir la construcción lenguaje literario/ficción con la profundidad filosófica que plantea el contenido es digna de un autor favorecido por su genio e ingenio creativo –por cierto, escaso en los esquemas comerciales en los que suele moverse actualmente la industria del libro–. Es evidente un bagaje intelectual y capacidad reflexiva erudita que reflejan las voces narrativas: los diálogos internos de los personajes y las diferentes narraciones. Eso aunado a la fluidez narrativa, recursos literarios como el juego intertextual, algunas entradas de «explicación del texto en el texto» que se hacen tan bien hiladas con la historia, que nunca se ven forzadas o separadas en la novela: juntos los recursos con la construcción ficcional forman una totalidad y ambientación que hace verosímil plenamente el texto literario sin obligar la narración.

El fuego cuando te quema desde el inicio hasta el final despliega una sólida consistencia narrativa que nunca se cae con rellenos o con narraciones fuera de lugar. No presenta excesos más que el “bombardeo” de reflexiones, cuestionamientos y enfrentamientos filosóficos (también morales y religiosos) a los que está sometido el lector desde que inicia la lectura; aspecto que es muy positivo y da mucha fuerza a las narraciones y a la novela. Cada capítulo trae una provocación distinta. A menudo, sorprende al lector con algún desafío mental, moral, o irrumpe con algún acontecimiento no esperado o que deja abierta la expectativa del lector. Una novela siempre aguda y polémica, que rescata con gran profundidad algunos tópicos universales de la filosofía y cuestionamientos que se exponen en un nivel de pensamiento continuo y nunca deja ver una propuesta emocional subjetiva débil; punto que le da mucha consistencia y solidez a los cimientos del contenido y a la firmeza de lo verosímil de la ambientación, de los personajes y de la historia misma.

Es posible ver en cada personaje una representación y perspectivas filosóficas y teológicas distintas y opuestas: el existencialismo ateo, los dogmas de la filosofía cristiana, el ascetismo, el misticismo, el racionalismo/ la materia, la inmanencia, por ejemplo. 

La constante provocación surte como una acción maquiavélica y sarcástica –muy bien pensada–, para punzar el pensamiento y sicología del lector, de forma que quede desnudo ante su doble moral; quizás como lo hace René Capoeira, uno de los personajes que funciona como “abogado del diablo” atizando el juego de provocaciones, y similar al juego en el que caemos los lectores en manos del mismo “diablo manipulador”. O sea, semejante a la función del escritor en el acto creador literario, que se materializa mediante el diálogo que establece el lector con los narradores o voces narrativas: “–Hypocrite lecteur, –mon semblable, –mon frère!” dice Marcus Cíclicus, uno de los personajes a quien Perfecta de Alba asocia con el Diablo. Frase que refuerza posteriormente el narrador y se sugiere en otras asociaciones similares que se pueden hacer durante la lectura.

Cabe aquí comparar la relación comunicativa de la literatura: autor- juego creador- mundo creado-provocación al lector (autor-lector compañero y cómplice manipulable, que, ante el juego de la escritura, se transforma). Así el resultado indiscutible en esta novela: mover el pensamiento, creencias y hacer evidente la doble moral del lector, cuando entra en duda ante la fe, la existencia de Dios, los dogmas, la Iglesia, las creencias, la inopia con la que viven algunos creyentes, los juegos subterráneos de corrupción en la Iglesia, el arte, los instintos humanos, y cuestionamientos esenciales filosóficos y teológicos, como la muerte, el amor, el odio, el deseo, el sexo/ la visión del erotismo, la pasión, los comportamientos humanos ante determinadas circunstancias, entre otros fundamentos marcados por la religiosidad; o bien, por la moral (y la doble moral).

Otro acierto narrativo es que, pese a la profundidad de las reflexiones filosóficas y el lenguaje erudito, la narración logra equilibrar la intensidad del lenguaje y de los acontecimientos, con otros recursos como la ironía, el humor fino, los puntos de provocación de interés para el lector, de tal forma, que la lectura se hace fluida, nunca pesada. Aún en algunos capítulos con más densidad en las reflexiones filosóficas, las narraciones logran puntos de equilibro que permiten hacer la lectura con interés y expectativa sobre “lo que vendrá luego”, deja ansias en el lector por saber los desenlaces y no provoca que la lectura se detenga, excepto para pensar en los desafíos de la reflexión que suscita la novela y que equilibra con los juegos irónicos, jocosos, un erotismo exquisito, entre otros recursos que emplea. 

La “buena” literatura –si se permite un rango de valoración– tiene condiciones que van más allá de la agilidad de contar o describir bien o bonito una historia: tiene que ver con la habilidad de construir un mundo ficticio, como si fuera real, con todos los recursos literarios y lingüísticos posibles para hacer creíble ese mundo; tan creíble, que no se vea la separación entre la ficción y la realidad; además, con un lenguaje que fluya sin esfuerzo para expresar y ambientar el mundo narrado con naturalidad e integración. En El fuego cuando te quema estas condiciones quedan más que superadas: todo está meticulosamente bien ordenado en la historia contada.

Ahora bien, el contenido irreverente y filoso de la novela se edifica como una construcción mayéutica, provocadora para que el lector, quien indiscutiblemente entrará en el juego reflexivo y tendrá la responsabilidad de cavilar frente las muchas dicotomías en las que entran los personajes con posiciones claras: la inteligencia/la fe, la visión materialista de la vida/el misticismo, el ateísmo/la creencia ciega cristiana; el odio y el amor; el amor carnal/el amor cristiano; las apariencias en el amor y el deseo real; la represión ante lo inalcanzable/ la intensidad de los actos; la aceptación/lo racional… Todas, sediciosas invitaciones para el pensamiento y los fundamentos morales o religiosos. Así como el místico padre Martín –personaje del libro– también nunca “dio respuestas que me evitaran el hacerme las preguntas”.

El abordaje de un texto como este rompe los esquemas: la liviandad de abordajes literarios aprendidos comúnmente, quizás no permitan a cualquier lector llegar a disfrutar un texto tan profundo y bien elaborado…
¡Lector hipócrita!, si usted se considera un gran lector, pero aún no distingue la realidad de la ficción y no sabe que al leer un libro está condenado a ser plenamente manipulado por la narración y los juegos diabólicos de un escritor, entonces no se juegue la inocencia de sus esquemas leyendo este libro, pues podría quedar desnudo ante su liviandad lectora… O, si usted tambalea con sus creencias, o reprime sus deseos por esperar la felicidad incierta, o la del más allá; quizás, este no sea un libro aconsejable para usted, pues no podrá apaciguar su consciencia. O bien, si usted vive un eterno autoengaño con su vida y sus creencias, este libro le podrá provocar serias lesiones a sus siquis y a su doble moral. Sin embargo, ¡lector maduro!, si usted es de los lectores que viven con intensidad, hasta llegar a las últimas consecuencias, sin represiones y conscientes de sus instintos, su naturaleza dual y de las dicotomías del ser; entonces, este libro es para usted.

No me gusta totalizar mi opinión como la única verdad, ni imponer etiquetas, pues cada lector “es un mundo”, entonces, diré que, según mi criterio y percepción literaria –enfatizo: el mío–, este es uno de los libros más maduros y bien elaborados que he leído en la literatura costarricense actual. Si usted es un lector con prejuicios morales, religiosos o literarios, posiblemente su criterio dirá que este libro es uno de los peores libros que haya leído; quizás, ni pasará de leer un par de capítulos: criterio que yo asumiría con cierta risa sarcástica y hedonista, pues me verificaría que yo estoy en lo cierto: estamos ante uno de los libros  mejor logrados –literariamente– de nuestra escritura costarricense actual, que cumple cabalmente su propósito comunicativo en el juego literario del escritor, el mundo narrado y el lector. Así que, usted, hypocrite lecteur, sabrá si se arriesga a leerlo.

Igual si usted es un lector ingenuo –literariamente hablando–, posiblemente sentirá el último capítulo débil o simple en comparación con el resto de capítulos; sin embargo, ahí están las explicaciones esenciales. Lector hipócrita, lo invito a jugar el juego diabólico de la literatura: déjese perder el control de su racionalidad y entre en la ficción de la novela: ahí usted será una ficha del juego narrativo: adquiera el “hábito de intensificar lo inmediato, lo único que sí se deja penetrar. Ensayar cada día el gesto de saciar la sed no de lo trascendente (…) sino de lo inmanente: es lo que está en nuestras manos, lo que se deja aprehender de manera profunda si estamos dispuestos a sumergirnos en ello. Así se vuelve a la profundidad: renunciando a ella en el plano de lo imposible y tratando de asirla en el nivel adecuado”; por tanto, si usted es un lector intenso, está frente al libro indicado.



sábado, 30 de enero de 2016

Poemas para Pound delirante

Elaborado por Emilia Fallas

     Felizmente la Editorial de la UNED recién ha publicado el poemario El señor Pound, que fue merecedor del Premio Internacional de Poesía Rubén Darío 2013,  del poeta Juan Carlos Olivas.
 
     Este poemario es un hermoso e intenso homenaje a Ezra Pound,  quizás un maestro, de quién Olivas aprendiera muy bien la palabra con el mensaje directo, exacto, fuerte y conciso, pero sin perder el cuidado y belleza de la construcción poética. La poesía en olivas es un acto de culto a la palabra, finamente trabajada sin caer en melodramas sino en la esencia -incluso dura del discurso– vestida con la belleza poética. ¿Qué mejor forma de hacer un homenaje a Pound que mediante poesía hecha con esmero?
 
     Sin embargo, este poemario es un homenaje muy particular a Pound: no es un homenaje al poeta (escritor) sino a la desgarrada, pero, a la vez, bendita y maravillosa locura de Pound. Olivas, con imágenes poéticas exquisitas por el trabajo que denota, lleva a adentrarnos en el Pound delirante, el demente… El ser humano vulnerable.
 
     El libro presenta una voz que habla al poeta; “de poeta a poeta” con poemas llenos de sensibilidad por el ser humano consumido en su trastorno y en sus estados humanos más intensos: al Pound con su furia interna que da ”bofetadas a la tierra” hasta “deshilachar el césped igual que lo haría un búfalo”; el Pound que “solloza algo intangible”, quizás como es pensar y sentir desde el instinto y las profundidades humanas; el Pound capaz de convertir la palabra más dura en el más bello poema que nos llega a todos: la “piedra” que se convierte en “colibrí” y desciende en los otros. Muestra al Pound que distrae su delirio y su vacío con la mirada perdida en el techo de un frío cuarto de hospicio, con sus manos amarradas como su esencia: “Son veintitrés rayas paralelas / las que tiene el cielorraso de su cuarto/ Cielo –piensa–, es el cielo…”. Vemos al otro Pound: ya no el victorioso y aclamado, sino el hambriento y vacío, quien se asemeja a “los frescos de Miguel Ángel [que] cuentan otra historia / las fisuras cobran vida en los ojos de los locos / pues para ellos ha sido reservado el paraíso.
 
     Las palabras que un día fueron gloriosas y exquisitas terminan despedazadas en el mundo alucinante del Pound caído y “se van por el drenaje como un caballo alado. / Las formas  puras de las letras se difuminan / con el agua en círculos; / es un lúgubre ritual que ejecuta al menos cada mes /en un templo que mide dos por dos metros”.
Como ha sido característico en la escritura de Olivas, el poemario es un todo: una unidad cohesionada por un hilo temático coherente e hilvanado siempre. Es claro el objeto poético: es uno solo construido con diversidad de formas para comunicarlo: el delirio de Pound es el hilo presente en cada poema y que se enlazan lograr la totalidad unificada del poemario. Ninguno de los poemas se sale de este hilo conductor y, entonces, el libro en sí revela consistencia en su construcción clara y puntual.
 
            Este poemario se constituye en otro acierto más del poeta que tantas satisfacciones nos ha dado a los amantes de la poesía; esta vez, con un galardón tan merecido que pone en alto, fuera de las fronteras, el quehacer literario costarricense.

El cadáver que todos somos

    La vida y el devenir disponen un tránsito hacia lo inevitable. El individuo anda solitario, sorteando la incertidumbre de la existencia… Siempre en busca de respuestas y tratando de entender el porqué de la tristeza y la angustia. Él habla diariamente con la muerte que cada día pretende robarse a los vivos con sus giros de angustias y luchas. Morbosamente, esa muerte disfruta de ver la confrontación del ser con la agonía del desánimo, el dolor o la incertidumbre de saber si será posible que haya un nuevo momento; o a lo mejor, la zozobra del careo consigo mismo; o simplemente, de la nostalgia que corroe la existencia y nunca encontrará la libertad infinita. 

   Esta vez, el poeta Juan Carlos Olivas nos brinda un poemario ya no solo de un recorrido introspectivo —como han sido otros de sus poemarios anteriores– sino que en Los seres desterrados, el hablante levanta la mirada y observa de frente la caída inevitable de los demás, como un espejo de la expiración propia. 

   Aunque la soledad carcome al individuo como una especie de enfrentamiento con “muchas muertes diarias”, se hace evidente el individuo que observa a los muertos: “…ignora que el cadáver / que ahora flota en la corriente / y que tanto quiso ver, / no es ya el cadáver de su enemigo / sino él mismo. 

   El poemario Los seres desterrados nos recuerda que la muerte no es del individuo…” que no estás solo, / tenemos esta muerte colectiva /que nos une, /y la hermosa necedad / de ser eternos”. No importa quiénes sean o hayan sido, cada uno con sus sueños, logros, y frustraciones, caminarán con pretensión de sobrevivencia –hoy y para siempre– hacia la consumación. Así, en Los seres desterrados, la soledad del hablante –que se evidencia en los primeros poemas del libro–, abre una ventana para ver a los otros: a los que ya murieron o a los que, también, fueron construidos con el mito cercano a la muerte. 

    Todos sin redención, todos desterrados en su inevitable circunstancia. Frente a los otros y frente al individuo “solo” que los observa para enfrentarse a su propia muerte. 

   Ve cadáveres… Cadáveres que alguna vez no lo fueron… y, en la exaltación, continúan vivos. El poemario también recorre por esos momentos de muerte: Carver en formol; Pessoa reducido en manos de sus heterónimos, la muerte momentánea del hablante junto con Beatriz; o la entrega de la muerte frente al amor como María Antonieta. 

     Ellos y otros “muertos”: los del mito griego, los del estado onírico de los artistas, los que construyeron templos con su música o con su poesía: todos ellos juntos en lo inevitable… en la predestinación. Así, el poemario viaja por la muerte de varios personajes, escritores, músicos y artistas: todos comparten un mismo final con glorias y muertes distintas. En la tumba están sus sueños y preocupaciones. Para algunos un ascenso a la inmortalidad: Hendrix con su guitarra, Pessoa con su sombrero, Plath siempre poeta…Siempre mujer; Mercury, Chagal, Dalí…siempre inmortales... Siempre alucinantes. Todos reunidos en el espacio ineludible. 

     Con versos cadentes llenos de firmeza, en este poemario de Juan Carlos Olivas, se hilan los significados uno con otro…Poema por poema, para armonizar el sentido completo del poemario —esta es una de las fortalezas ya recurrentes, notable en la poesía de este autor—. Da la sensación que el hablante construye el sentido, mientras pasea al lector de poema en poema para encontrar la significación: del poemario y de la existencia misma. 

   Versos con un lenguaje bien pensado, construcciones cohesionadas con los significados, cuidado y precisión lingüística y literaria son notables en la producción poética de Olivas, y no es la excepción este poemario: sin duda estamos ante un poeta con la madurez que solo mediante un trabajo persistente y dedicado podría surgir.

     Los seres desterrados —otro acierto poético de Olivas— con poemas hechos con solidez de forma y sentido, nos dice que todos estamos juntos en este destierro, donde nos detenemos para, luego, seguir el recorrido hacia allá: donde todos también estaremos.

domingo, 1 de junio de 2014

Voces para la deslumbrada



Voces para  la deslumbrada
Emilia Fallas


Artículo publicado en el periódico La Nación 1/06/2014
http://www.nacion.com/ocio/literatura/Gallegos-voces-infinitas-reciente-novela_0_1418058219.html

La escritura rebasa el tiempo y espacio. Sin linealidad, apila voces que andan caminos internos; deambulan y se escuchan por cualquier parte. La escritora divaga de un modo más que delirante.  Ella muere en la escritura y nacen las voces infinitas —sus dobles— que presagian la noche oscura. Los escritos fluyen inquietos y dolidos.
La escritura ve el pensamiento,  la penumbra y la nostalgia. Esa es la sensación que deja La deslumbrada, último libro de la escritora Mía Gallegos, publicado por la Editorial Costa Rica.

 Distintos relatos  llevan al lector por ese recorrido divagante de la escritura. Muchas voces femeninas invitan a penetrar en los delirios de la escritora en el acto creador. Ellas —las voces—, durante el recorrido, reflexionan desde instantes percibidos, que se arremolinan en múltiples diálogos internos: es el mundo sensorial y pensante.

Gallegos hace gala de lo que ha sido su gran fortaleza: la fluidez para construir el lenguaje literario. La prosa posee aquí una actitud estética y, mediante un tejido de palabras, filosofa sobre el mundo circundante y el interno —el sensorial y del pensamiento—: “Mientras ellas tejen, también lo hago yo. Pero mis telares son oscuros y al trazar vocablos, intento decirle a la muerte que no venga…”.

Con pericia, la autora mezcla recursos narrativos con características de prosa poética. Tiende a una actitud lírica y es notable que la intención no es narrar ni tener una línea argumental, sino transmitir sensaciones y pensamientos. Con naturalidad fresca, intercala el tono narrativo y la narración poética que surte como un buen mecanismo para intensificar los diálogos internos. Un hilo fino  une la actitud lírica con la construcción del pensamiento.

En las divagaciones, con la misma naturalidad, retoma y fusiona intertextos de la mitología griega.  Distintos temas tienen como marco Los diálogos  de Platón, a Eurícide, Orfeo, Circe, entre otros, como intertextos para establecer pasajes, a veces onírico-simbólicos, que muestran los estados divagantes de las voces. Entrelazan la realidad circundante, la memoria clásica  con los relatos oníricos; entendido lo onírico, no como el sueño, sino como la alucinación que lleva a los estados internos: divagación de la mente. Así, las voces narrativas tienen un aire sigiloso: observan y viven como almas deambulantes.

En muchos relatos está presente el doble: la hija dispar con su madre, pero que la refleja a ella misma, o la mujer que descubre un ser dentro de ella, que le habla, la niega y contradice; o también,  la escritora/mujer poseída: “De pronto vi a una mujer que estaba envuelta en un peplo […] Soy una suplicante. He muerto varias veces y ahora me preparo para transmigrar. Antes tú y yo fuimos un mismo ser, pero cuando la tierra estalló y se disgregó, no separamos. Para que volvamos a estar unidas, tenemos que morir y despertar”.
En el relato “Mía de mí”, la narradora interactúa y apela a la autora —a Mía—: “Ha vuelto a temblar. Mía Gallegos. Mía de nadie. Mía de mí. Sin una biografía. Tierna. Casi ácida. Con un destino trazado y una cruz…”.

Esta multiplicidad, convertida en voces/dobles, mitos, madre/hija, niña/adulta/anciana, son mujeres con instinto de conservación; algunas que no alzan la voz y se resignan; narradoras aisladas del mundo: prisioneras de sus mentes, que viven ensimismadas; todas con un recorrido complejo y solitario: retiradas por decisión propia; silenciosas, porque su espacio interno es el espacio seguro que las guarda y cuida, porque “las mujeres no trasponemos el umbral; pese a ello, a mí me gusta divagar: es así como emprendo mis periplos”.

La oscuridad, la noche que es todavía noche, la que deja sin lumbre a las deslumbradas; es el tópico que nos invita desde el inicio el libro… Camina con los pensamientos y deja muchas preguntas: “Soy una mujer y no tengo respuestas, tan solo sé percibir el instante, el instante sagrado, ahí donde el tiempo se sustenta. En esa inmediatez se debaten los instintos, la piel se encuentra, la sangre fluye y aparece la mujer que va hundiéndose, naciéndose”. Con esas hermosas líneas finaliza el libro e inicia el gozo de haber leído un libro construido cuidadosamente, y muchas voces que se quedan acompañando  a los lectores.


lunes, 10 de marzo de 2014

Poemario Bitácora de los hechos consumados de Juan Carlos Olivas



** Presentación del poemario Bitácora de los hechos consumados en la Feria del Libro de C.R., 2013
                     Por : Emilia Fallas, lingüista, UNED

Olivas es un autor, joven aún, que se consolida fuertemente con su  obra general y, particularmente, con un poemario nítido en su construcción, por el cuidado que tiene  la elaboración poética, y por la fuerza comunicativa de los poemas.
     Bitácora de los hechos consumados, cuyos galardones y premios, muy bien merecidos, son su carta de presentación: no en vano, ha obtenido los premios Aquileo J. Echeverría  y el Premio otorgado por la Academia de la Lengua Costarricense.
Este poemario está trabajado de manera muy minuciosa, al utilizar un lenguaje altamente sugestivo y provocador, pero, especialmente, integrador del discurso poético, que evidencia la fuerza y la tensión de las imágenes que presenta y que traslada desde los detalles mínimos del lenguaje, hasta una descarga muy fuerte de significados. Nos lleva a una poesía desgarrada por la misma temática que encierra: soledad profunda, muerte, angustia y poemas cargados de misticismo, de dolor, de inconclusión de la vida, del amor, de espacios internos sombríos.
               Me llama la atención, primero,  el cuidado como fue estructurado el poemario. Aquí el ordenamiento y la conformación de las partes tienen una intencionalidad, yo diría, provocadora de una multiplicidad semántica (como lo vería Ricour: un estado de tensión entre el sentido literal y la plurisignificación).
La estructura del poemario impresiona, porque no se trata de capítulos o partes del libro, a los que se les pone un título, sino que su constitución en movimientos musicales, están absolutamente bien cohesionados con la estructura y sentidos de los poemas internos de cada movimiento, y con  un hilo integrador entre el poemario y los contenidos. De tal forma que,  cuando se está leyendo el poemario, pareciera que empezáramos a caminar por un espacio, de algún modo, místico (que nos evoca el mismo  lenguaje y la estructura del libro), pero que, la misma estructura nos provee de un espacio casi audible, sonoro de la música clásica en un lugar y ambiente, imaginario,  místico, triste, como la misma desolación del hablante lírico que despierta el  discurso.
En otras palabras,  tanto la estructura, el ordenamiento y el discurso son capaces de generar una ambientación constante y consistente desde que inicia el poemario hasta que termina.
Esa integralidad conlleva la fuerza provocadora de sentidos en el poemario. Pareciera que todo el universo del texto está hecho y logrado intencionalmente para construir un mundo poético propio  e independiente, para generar la tensión poética.
Este recurso es uno de lo mejor logrados que he visto en un poemario pues, como lectora me lleva,  a  percibir ese mundo, y esa sonoridad que provee la ambientación… Y no estamos hablando de narrativa; seguimos hablando de poesía que nunca pierde su naturaleza y cohesión  discursiva en el poemario.
En el yo lírico,  encontramos un ser consistente con una personalidad atormentada, desolada; a veces, lúgubre, más cercana a la muerte o la soledad que a la vida.
Este yo lírico se convierte casi en un personaje, apegado y consistente con la ambientación que mencionaba antes. Pero lo más interesante es que el poemario  ha logrado unificar tan bien todas las partes, que nunca deja o pierde la nitidez de la construcción de imágenes poéticas con la consistencia y fuerza semántica de lo sombrío y triste que comunica el hablante lírico.
Nunca, deja de ser poesía y nunca  pierde la calidad de la imagen poética.
Indiscutiblemente, solo estoy mencionando una pequeña parte de la elaboración discusiva de este poemario, pero creo que el nivel de este poemario es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos ya en nuestra historia literaria costarricense, porque da un salto a una elevación poética integral entre la forma, el contenido y la provocación de sentidos de una manera sincronizada; pero que,  lejos de llevar al lector a una lectura rígida, quizás por esa estructura tan elaborada, logra, más bien, cargar de una fuerza sensorial profunda.
      Yo, por mi parte, me siento muy contenta y orgullosa como lectora, pues en tiempos en que se habla tanto de los premios, creo en estos dos (el Nacional y el de la Academia), no hubo margen de error. Es un poemario muy cuidado y  pensado integralmente. Yo lo veo, finalmente, como una cadena de palabras, estructuras y sentidos que nunca se rompe.


viernes, 8 de noviembre de 2013

Presentación de Poemas para no leer en tu funeral



Poemas para no leer en tu funeral

** Presentación del libro
Por Emilia Fallas

Un acercamiento con la poesía lleva un primer momento de diálogo con el poema, antes del análisis formal. Implica una conversación con el hablante y dejarse llevar por la sensoriedad y provocación que genera, de modo que nos transfiera y pueda ser disfrutada la descarga de sensaciones que provoca el texto poético: generar un diálogo intersubjetivo.

Poemas para no leer en tu funeral, en un primer momento, me mostró un texto cargado de un amor que se trunca por lo inevitable y se expresa de una forma muy sentida del dolor en los distintos poemas.

Me obligó a hacer algo, que para los académicos y teóricos tradicionales como Barthes o Goldman, sería literalmente una barbaridad, porque  criticaron la tendencia a estudiar las obras en relación con el autor y su biografía; ellos eliminaron el autor como un sujeto individual. Sin embargo, fue  ineludible,  y preferí hacer una   apropiación, de aquellas a las que se refería  Focault a partir de las preguntas ¿Quién lo escribió?, ¿de dónde vino el texto?

De todas formas, ya MARCUSE, también apelaba hace mucho a que  “La expresión de una obra se suele considerar una cualidad que designa al autor, que nos lleva directamente a él, a través de la vivencia de la obra, y en la medida que ahondamos en su profundidad latente.

Este acercamiento biográfico, lo creí  importante para interpretar mejor este poemario tan íntimo, pues, como lo ha dicho el autor, "es un poemario muy honesto", desde estados personales. Así,  no pude hacer la primera lectura sin que me identificara con esa  inmensa carga emocional, muy sentida que transmite… que es tan vivencial y tan auténtica. Me provocó ir a ese espacio intersubjetivo con una conexión aún más llena de sensibilidad y de recepción,  en la relación texto-autor- y yo como lectora.

La relación a partir de la experiencia de Cristian Alfredo, que no mencionaré aquí, pero nos presenta y se unifica en un yo lírico constante en los poemas con un inmenso componente emocional, que es sólido y homogéneo en todo el poemario.  Y establece esa comunicación sensible y desolada con  el lector.
Es posible, a partir de la lectura, sentir esa perplejidad ante las circunstancias adversas que nos refleja un yo lírico distante; a su vez, que mira su mundo cercano, pero separado por su espacio interior y que trata de identificar mediante conversaciones y preguntas consigo mismo ¿cómo enfrentar las circunstancias, el mundo, el hijo…? en fin, una realidad cargada de ausencias.

Así entonces, Poemas para no leer en tu funeral lleva desde el inicio hasta el final por una línea consistente que se forma alrededor del alejamiento, de un yo lírico que está permanentemente lleno de sentimientos profundos y arraigados en el amor truncado por el devenir y por la adversidad.

            Hay un amor injusto por la causa inevitable que trasciende en lo inhumano, en lo indescriptible del destino, en lo impensable y lo impotente frente a una existencia sin respuestas –como es la muerte- que intenta la aceptación entre “cervezas y adoquines, sencillamente dejarte ir…”

El hablante afronta la muerte como una experiencia irracional;  como una circunstancia  en su entorno y nos da la sensación de un camino con preguntas recurrentes que se pueden deducir: ¿ahora qué?, ¿cuál es el rumbo?, ¿cómo se vive con esto?

    Aquí funciona la premisa que el poeta tiene la capacidad de transfigurar su inquietud personal,  el dolor, la incertidumbre ante los acontecimientos en una dimensión universal, pues transmite plenamente esa carga emotiva.

Hay, también,  una perturbación del yo que profundiza en su intimismo,  que mira su entorno con lejanía, distraído, sin entender,  que transmite un amor lastimado y la incomprensión de ese devenir.
Todo el poemario tiene esas líneas comunes y en forma homogénea, en cuanto a sus representaciones de sentido. Como lo refleja un poema que dice

Aquí, con la fe del asesino, /con el grito del tirano que reclama su presagio: /caminar con insistencia sobre estos andenes, / viejos y corroídos andenes de la vida / donde a la luz de un nuevo trago /otra vez la vida acaba.

¿cómo se presentan estos elementos en la estructura del poemario? ¿Cuáles recursos utiliza el poeta para elaborar el discurso poético?

Poemas para no leer en tu funeral está compuesto por tres partes secuenciales.
    Asimismo, el título da origen a  esa secuencia, pues  se encadena desde el mismo título, que tiene una intencionalidad clara y provocadora, y adelanta ese espacio, con el que nos encontraremos en la lectura y que es un espacio asociado con el dolor ante la muerte.

    La primera parte   lleva el mismo título del libro. Aquí refleja  el contacto cercano con la muerte inevitable de la pareja que, simbólicamente, llega a ser también la misma muerte en vida del hablante, pues muestra un yo devastado por la pérdida, la ausencia y la incertidumbre ante la muerte, a partir de los recuerdos y que ve como una broma siniestra.

    También presenta con nostalgia un espacio y un mundo circundante asociado con esa lejanía que es nebulosa  e interiorizada por el hablante. Señala

Cómo he luchado / años y años contra la ciudad /de transparencia y murmullo interminable, /y ya no me queda un paisaje, una caricia, /un simpático niño reincidente y extraviado / aproximándose a tus pies / antes de aproximarme al regreso. (Poema “Lunes”)

    Todo en medio de la inconclusión del amor, de la vida y de los sueños.

    Aquí también, ante los recuerdos, hay una entrega desde el hablante que está inacabada, frustrada y hasta, a veces, se autodestruye con  denominaciones decadentes que  se hace a  sí mismo como “este cobarde ladrón” o como el “hombre oscuro que no ha encontrado su delirio”.

    Es un hablante que trata de procesar la despedida. Y nos dice:
No sé si puedes oírme, / si todavía crees que mis palabras/ te engañan y te lastiman, / descendiendo neutras y vacías desde tu vientre /como un débil artificio.

Toda esta primera parte está elaborada como una serie de  conversaciones desde el hablante hacia los recuerdos, la despedida y esa pareja ausente.

La segunda parte del libro, “Cartas a un ángel terrible”, presenta un espacio mucho más intimista y cuestionador del hablante. Es un punto entre el desencuentro y encuentro con él mismo,  frente a lo inmediato, y vemos un espacio interno lleno de dudas ante  la interacción con su mundo cercano.
     Aquí hay  un diálogo ante lo aún inexplicable y la incertidumbre.

    Se perciben más los espacios emocionales e íntimos del hablante, que se encuentra lejano, muy disperso y retraído: observa el mundo y al hijo de cerca, pero  con una actitud distante porque el hablante está lleno de preguntas existenciales, aún sin respuestas.

    Esto es claro en el poema “La medida exacta del universo”, en un hermoso fragmento que describe esa retracción  ante el mundo.

Me reclamaste porque yo no estaba / para defenderte de azuladas serpientes / que se muerden la cola / pero sí estaba / puedo asegurarlo por esta larga tristeza / que se expande y se termina /y por este instante efímero y eterno / en el que condena /mi esperanza / con el ardor de los vencidos.

     También, en el poema “Tatuaje en el viento”, hay un fragmento, que ejemplifica ese cuestionamiento constante, que intenta entender y enfrentar la ausencia:

¿Y si la tarde cae, / y si todos los presentimientos son solo una excusa / para no olvidar tanto suplicio? / ¿si ya no tienes la fórmula / para borrar tanto amor que hoy nos difumina?

     La tercera parte tiene una línea discusiva formada alrededor de la figura de la madre  y un tránsito entre el recuerdo y el retorno del yo; el eterno retorno, con el regreso a la casa.

    Así leemos a una madre triste, también angustiada y con cargas emocionales, que, por ejemplo,  se presenta en uno de los poemas que más me gustaron “Fotografía que cuelga en la pared”:

Mi madre y sus amantes distraídos /hombres que vinieron de un paraíso extranjero /celebrando su hilarante felicidad. /No tuvo tiempo para hacernos felices […] Tantas veces la miré / cruzando la puerta como los pudo repetir, diciendo adiós como se dice ausencia.

     En cuanto a  los  recursos para construir el discurso poético. Hay dos  que considero bien logrados 1) la elaboración de las imágenes y el tipo de discurso poético 2) La sonoridad de los poemas.

    La elaboración de imágenes y el discurso, Solera, utiliza dos formas:
·         algunos de los poemas aún conservan la metáfora e imágenes elaboradas en su construcción, que tienden a un estilo más trascendentalista  en cuanto a su forma; pero no así, es transcendental en su cosmovisión o concepto filosófico, porque, contrariamente, antes que trascender, el yo lírico se retrae, se vuelve hacia adentro, hacia sí mismo y el mundo se hace distante para él.

·             El otro estilo al que recurre con más énfasis es al estilo conversacional y, también,  la utilización, de la prosa. Es notable un constante diálogo consigo mismo, alrededor de lo inmediato y los recuerdos  de la amada ausente, la madre, del amor presente, del hijo que lo ve lejano.

Ambos recursos son distintos, en el primero utiliza una elaboración cuidada de la imagen y la metáfora; por ejemplo, dice

Aún cuando nadie te reclame / la temida rigidez de tu garganta, / la jaula de jabón en el jardín / o esa araña disuelta en millones de colores, /aferrándose a la muerte.

     En cambio,  los otros poemas más conversacionales y orientados a la prosa el lenguaje es más cotidiano y directo.

               Voy a explicarte por qué miento cosas, /por qué hay poemas que recojo de mis ojos / con total                         naturaleza, /o  por qué ingreso de nuevo a tu aposento /como todo un magnífico cobarde / repleto de                    soldados y horizontes taciturnos.

    El poemario, en forma general, muestra unidades melódicas y efectos rítmicos (efecto cascada), bien logrados; la sonoridad es  notable en todos los poemas.

     Poemas para no leer en tu funeral es un poemario muy íntimo, vivencial que lleva a los lectores a ser parte de ese duelo y ausencias sin respuestas. La lectura nos incorpora en esa vivencia y confusión ante la muerte a la que también, todos nos enfrentamos, inevitablemente.





miércoles, 23 de octubre de 2013

La importancia del apego a la expresión cultural en los procesos de resistencia y autonomía política y social en América Latina

La importancia del apego a la expresión  cultural en los procesos de resistencia y autonomía política y social en América Latina
**Emilia Fallas


“A partir de las guerras de independencia, el tema
número uno del continente ha sido el de la
dependencia. Bien sea denunciándola o considerándola favorable…”
—Marta Traba—



América Latina ha tenido una tradición históricamente asociada con la pluralidad de culturas, pensamiento, formas de vida, diversidad de las tradiciones y cultura ancestral, entre otros aspectos que llevan a la heterogeneidad de pensamiento; así,  como diversas son las sociedades que la componen. De esta manera, las reflexiones culturales sobre de la autonomía e identidad habían  girado, por mucho tiempo, alrededor de la unificación del pensamiento a partir de concepciones y discusión de los temas nacionalistas versus las tendencias más liberales y abiertas a la adopción de una cultura externa  con matices de intereses de la burguesía.  Esto se da en todas las manifestaciones culturales y literarias; sin embargo, la resistencia a la unificación y a la dependencia también ha sido un frente notable en América Latina que, con distintas perspectivas, lo aborda.

¿Qué tanto la cultura ha tenido influencia en la misma naturaleza de las poblaciones para hacer cambios sociales y políticos en los países? ¿Ha habido influencia, de alguna manera, de la cultura en sus concepciones y prácticas de convivencia y  en la vida civil?
Responder esto lleva un proceso de investigación, pero es posible partir de ciertas reflexiones alrededor de las manifestaciones de la cultura, tanto en la producción artística y literaria. como en la cultura popular y los movimientos sociales y políticos que han surgido en Latinoamérica, especialmente en el Cono Sur, pero también en México, Guatemala y Nicaragua, por ejemplo.
Las relaciones de la cultura y la sociedad deben ser visualizadas con la magnitud que el concepto tiene. No solo con la producción artística —que también es relevante– sino, como un componente del sistema. Así, en la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales en México (1982), Najenson dice que la cultura es “el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales  y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social”. Comprende las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias” (Delgado y Camacho, 2010, p.25).  Los mismos autores mencionan, más adelante, el concepto de cultura autóctona y nacional; y hace referencia a un
conjunto muy heterogéneo de prácticas humanas de intercambios y comunicaciones múltiples, pero con un sentido de identidad históricamente cimentado, lo que permite diferenciaciones  con otros pueblos y naciones del entorno y señala, también,  lo que los grupos hegemónicos nacionales lograron imponerle a la totalidad, como el ideal de lo que les es propio y perenne, pero a su vez lo que logró permanecer a pesar de esa visión de grupo. (p. 25)

Ahora bien, dicen los mismos autores que “hablar del concepto de cultura implicaría más de doscientas definiciones”; sin embargo, interesa resaltar para estos efectos, el tema de la identidad desde la percepción histórica y otro  concepto asociado importante:  la cultura de resistencia. Es fundamental tenerlo en consideración cuando se reflexiona sobre la cultura latinoamericana, pues está relacionado con esa naturaleza resistente que ha surgido de la misma cultura histórica y ancestral de muchos pueblos, con diferentes manifestaciones.

Mely González dice que -parafraseo- el concepto de cultura de la resistencia no se encuentra claramente definido en los estudios de autores cubanos y latinoamericanos —refiriéndose particularmente a las manifestaciones–,  sino diluido en los análisis del problema de la identidad, la descolonización, la liberación, etcétera. Implícitamente, este problema ha sido trabajado por diferentes investigadores al adentrarse en el análisis de la llamada «teoría poscolonial». Tal es el caso de Peter Hulme, al utilizar esta teoría como término para describir un cuerpo de trabajo cuyo intento es romper con los supuestos colonialistas que han marcado muchos de los proyectos de crítica política y cultural lanzado desde Europa y Estados Unidos. Pero Hulme aprende y remodela estos proyectos con el interés de analizar y resistir las redes imperiales que controlan gran parte del mundo y, por ende, sus productos culturales.

Otras autoras, como Josefina Oliva de Coll y Domitila Chungara, enfocan el problema de la resistencia a partir del rechazo de las culturas indígenas a la conquista y la colonización. Hacen énfasis en las diversas formas que presenta este rechazo, asumiéndolo como prueba de que la población invadida no aceptó conscientemente la dominación de sus territorios.

Así, la conceptualización de la cultura y su relación con los asuntos de dependencia/independencia, identidades o desarraigo, universalización/mirada hacia lo local, es probablemente el  punto sustancial de la discusión e influencia, de alguna manera también, en la cultura “extendida” —o sea, no solo en el concepto de producción artística, sino en la conservación de la historia y lo ancestral— que sustenta el quehacer y dinámica de muchos pueblos, especialmente algunos con más arraigo como Ecuador, Bolivia, México, Colombia e, incluso, Brasil.  Todos países con una discusión, además, más fuerte en los temas de conservadurismo que, como dice Lechner,  busca defender el poder y orden contra el mercado y no con el mercado (s.f., p.226) y organizativamente vuelven los ojos a lo local (como Bolivia y Ecuador a los temas indígenas y cultura ancestral).
    Para reflexionar sobre los temas de autonomía/independencia que, por un lado, surgen de la idiosincrasia y cultura de los pueblos latinoamericanos, pero por otro, surgen con una mayor provocación en forma paralela con los replanteamientos de las democracias,  oposiciones a las ideas, reformas del mercado y discusiones alrededor del crecimiento, es necesario valorar dos escenarios: los procesos de producción artística y los procesos de vinculación política y modelos de desarrollo latinoamericano a partir de la tradición ancestral y cultura popular.

    El primer elemento de la producción artística latinoamericana ha estado muy vinculado con los procesos de discusión de las identidades, dependencia e independencia (históricamente) y, quizás con mayor fuerza, que en Europa y el Norte; a pesar de que ambos, forman parte directa, y se incluyen, en las discusiones culturales.

    Marta Traba apunta que esa discusión ha estado un siglo reconociendo, y con obstinación,  el problema de dependencia; con la clara confianza de los pensadores por “vencerla y superarla”, que va desde Martí hasta Carlos Fuentes, pero que “nunca se podrá aspirar a las formas modernas de la libertad” (2009, p.137).

   La misma autora hace un recuento de los procesos históricos vinculados con la producción artística y cómo de esa contienda entre la dependencia e independencia que se da en la producción cultural, que de alguna manera, desata y provoca con mayor fuerza la cultura de la resistencia en Latinoamérica. A continuación parafraseo y resumo ese panorama, porque considero muy vinculante con esa misma caracterización ideológica, política y cultural que nace del mismo pueblo como una forma ontológica y de práctica en la cultura popular también.

Menciona Traba que
el pasaje de la modernidad a la actualidad interpuso un nuevo y grave obstáculo, como fue el triunfo—dentro del capitalismo y también del socialismo— de los códigos privados, mientras se destruía paulatinamente la posibilidad de un código general. Tal situación, acorde con las nuevas sociedades altamente industrializadas en una u otra zona, no correspondía ni convenía a Latinoamérica, pero representó, no obstante, la única alternativa de trabajo: la cultura subdesarrollada no ha sabido formular hasta ahora una alternativa de los códigos privados.
El artista actual sigue siendo burgués y continúa expresando el mundo de la burguesía… los ofrecimientos han perdido atractivo para la burguesía desde el momento en que aparecieron competidores más tácticos, complacientes y dispuestos a facilitarle la ingestión de alimentos culturales más fáciles, así como todas las falsificaciones literarias y artísticas que constituyen la industria cultural. (2009, p.137)

    Así, ella señala a “Amdré Gunder Franck que analiza el subdesarrollo latinoamericano: comprobaríamos sin mucha dificultad que a mayor desarrollo, corresponde mayor dependencia y mimetismo artístico” (P.139)
De esta forma la autora plantea que ese vaivén entre la dependencia y la producción complaciente hace florecer la cultura de la resistencia, aunque sea en el “desierto”, en un campo cultural latinoamericano —desde la periferia—devastado por la dependencia y que ha marcado de modo irrevocable toda la producción creativa. Así, surgieron algunos artistas y escritores con las dinámicas progresistas de la modernización dóciles a las minorías gobernantes, mientras la producción artística iba perdiendo vitalidad creadora y degradación cultural.

Sin embargo, también surge una generación de  artistas y escritores  que corresponden a la cultura de la resistencia: rechazaron la modernización refleja como una forma de impostura, pero se sirvieron de los materiales lingüísticos modernos que se conocieron a través de ella. Sortearon asimismo la degradación cultural, pero exploraron a conciencia esta zona, considerándola una rica cantera de elementos aprovechables. Las mejores obras de las artes plásticas continentales funcionaron en este orden subversivo espontáneo, no programado por ningún grupo de poder.
Esta línea resistente explora por el lado de la relación con la cultura indígena en Perú y Ecuador; por el recorte crítico o romántico de la realidad en Colombia; en México, por el rechazo de una revolución frustrada y frustrante. La situación de América Latina se balcaniza, pero este fenómeno, lejos de ser una desgracia, permite la reevaluación de la región, por una parte, y por la otra el careo de la cultura de la resistencia con el mimetismo que viene a reemplazar la buena conducta epigonal de la generación precedente. De tales confrontaciones nace una conciencia más fundamentada del concepto de arte nacional y el descarte definitivo de indigenismos y nativismos. (p.141)

    Acontecimientos como la influencia norteamericana en los 60, la revolución cubana con un sentido aún más subversivo, por la maltrecha y subyacente cultura de la resistencia; en los 70 en Colombia se deciden por la provincia, el subdesarrollo, la temática local, el desprecio frontal por la universalidad, el rechazo de las modas, el orgullo de la identidad, entre otros acontecimientos en varios países como Guatemala, Puerto Rico generan un cultura en la producción artística más “imaginativa y crítica, con características de humo, desenfado, desconfianza y ferocidad” (p.142).

    De esta forma, a partir de los años setenta, la toma de posición política subyace en el proyecto global con una clara visión de independencia y las prácticas artísticas insisten la independencia y la identidad como un acto político en  América Latina,. La cultura de la resistencia se aproxima más a una visión crítica de los sistemas “lingüísticos y estructurales” y, menciona la Traba, que “la construcción de símbolos y metáforas, la tarea fáctica de elaboración del arte como lenguaje, están dados en las obras latinoamericanas”.
    Vista la cultura, ya no solo como producción artística, sino en sus dimensiones social, política y económica (como modelo y representación del pensamiento latinoamericano), es posible decir que entran en juego también  varios acontecimientos, conceptos, variables y discusiones en los pueblos latinoamericanos que influyen considerablemente: interiorizan y vinculan. Algunos de esos elementos culturales asociados con las bases populares, podríamos decir que se relacionan (aunque hay muchas variables más):
·        
      Los temas y prácticas orientados hacia la interculturalidad

  •          la construcción de la etnicidad
  •          regionalismo/ visión hacia la provincia o lo local
  •          identidad: debates por la autenticidad
  •          papel de las clases medias en la producción de la identidad nacional
  •          multilingüismo (rescate de lenguas indígenas)
  •          apego a lo territorial y a Pacha Mamma.

     Cada uno de esos temas requiere de una reflexión con un desarrollo extenso, que   no haré por ahora, pero que son ejes que ya son transversales en el planteamiento cultural que atraviesa también toda práctica polítca y filosófica en los países latinoamericanos. Asimismo, con una clara influencia de las ideas decoloniales que se fortalecen en el siglo XXI.


     No en vano, entonces, todas las discusiones antes mencionadas, se han consolidado como un componente fuerte en el pensamiento latinoamericano y, ya sea, con el apego u oposición a las prácticas de mercado.  Así, se constituyen en elementos culturales que han sido redefinidos y valorados fuertemente y extendidos a todos los grupos sociales latinoamericanos; un “repensar en los procesos políticos y modelos de desarrollo desde la perspectiva ya no hegemónica del mercado, sino de los principios filosóficos, apego a la tradición y necesidades de los pueblos.

     Es posible ver manifestaciones claras de ese posicionamiento cultural que ha repercutido incluso en los modelos políticos y estructurales, por ejemplo, en países como Ecuador y Bolivia. Ellos han dado consistencia a los valores o razones ontológicas a partir de lo ancestral, donde predomina el bienestar común sobre el individual y la madre naturaleza se constituye un sujeto más en la sociedad (una persona con derecho). Esta expresión cultural genera una visión fresca y diferente de ver los modelos de desarrollo. Rompe con el esquema capitalista de mercancías y establece un modelo solidario con el cual se casa un pueblo (que cree, además fielmente, en esos valores); hasta lograr un cambio incluso estructural como es la incorporación de esas razones “ontológicas” en la Constitución que redefine el presidente Correa en Ecuador.  Asimismo, es posible ver otra serie de ejemplos de discusiones y prácticas importantes latinoamericanas como el tema de la etnicidad y grupos raciales en Colombia, los replanteamientos en discusión de las políticas públicas  a partir de las poblaciones migrantes, la reforma educativa en Bolivia, desde la perspectiva territorial e indígena, la educación bilingüe en Perú, etc.  Todos son escenarios que ya han creado representaciones semióticas, con y desde  la cultura que se apega y vincula fuertemente hacia el fortalecimiento de esa resistencia a los modelos de mercado y, cada vez más, autónomos de una región que rescata su propia naturaleza y cultura.

     Este es un tema que dejo aquí, por ahora, pero que requiere de un estudio más profundo, pues Latinoamérica se ha convertido en un ejemplo importante de una “reconstrucción” del modelo de los Estados y de la región, desde y apoyado sustancialmente en las percepciones culturales; que aunque esté lidiando entre las fuerzas del mercado, ha tenido repercusiones notables de posicionamiento en diversas áreas y sectores en los países latinoamericanos, que nunca han estado desvinculados con la historia misma latinoamericana: historias de luchas sociales que, Francisco Zapata, claramente, también caracteriza en su ensayo.


4.   Bibliografía

Delgado, J. y. (2010). Diplomacia dultural, educación y derechos humanos. México: Secretaría de Relaciones Exteriores de México.
Fuller, N. (. ( 2003). Interculturalidad y política. Desafíos y posibilidades. (N. Fuller, Ed.) Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú.
González, M. (enero-marzo de 2001). Cultura de la resistencia. Concepciones teóricas y metodológicas para su estudio. Islas, 43(127), 20-41. Obtenido de http://cenit.cult.cu/sites/revista_islas/pdf/127_03_Mely.pdf
Traba, M. (diciembre de 2009). La cultura de la resistencia. Revista de Estudios Sociales No. 34(34), 136-145.


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