domingo, 1 de junio de 2014

Voces para la deslumbrada



Voces para  la deslumbrada
Emilia Fallas


Artículo publicado en el periódico La Nación 1/06/2014
http://www.nacion.com/ocio/literatura/Gallegos-voces-infinitas-reciente-novela_0_1418058219.html

La escritura rebasa el tiempo y espacio. Sin linealidad, apila voces que andan caminos internos; deambulan y se escuchan por cualquier parte. La escritora divaga de un modo más que delirante.  Ella muere en la escritura y nacen las voces infinitas —sus dobles— que presagian la noche oscura. Los escritos fluyen inquietos y dolidos.
La escritura ve el pensamiento,  la penumbra y la nostalgia. Esa es la sensación que deja La deslumbrada, último libro de la escritora Mía Gallegos, publicado por la Editorial Costa Rica.

 Distintos relatos  llevan al lector por ese recorrido divagante de la escritura. Muchas voces femeninas invitan a penetrar en los delirios de la escritora en el acto creador. Ellas —las voces—, durante el recorrido, reflexionan desde instantes percibidos, que se arremolinan en múltiples diálogos internos: es el mundo sensorial y pensante.

Gallegos hace gala de lo que ha sido su gran fortaleza: la fluidez para construir el lenguaje literario. La prosa posee aquí una actitud estética y, mediante un tejido de palabras, filosofa sobre el mundo circundante y el interno —el sensorial y del pensamiento—: “Mientras ellas tejen, también lo hago yo. Pero mis telares son oscuros y al trazar vocablos, intento decirle a la muerte que no venga…”.

Con pericia, la autora mezcla recursos narrativos con características de prosa poética. Tiende a una actitud lírica y es notable que la intención no es narrar ni tener una línea argumental, sino transmitir sensaciones y pensamientos. Con naturalidad fresca, intercala el tono narrativo y la narración poética que surte como un buen mecanismo para intensificar los diálogos internos. Un hilo fino  une la actitud lírica con la construcción del pensamiento.

En las divagaciones, con la misma naturalidad, retoma y fusiona intertextos de la mitología griega.  Distintos temas tienen como marco Los diálogos  de Platón, a Eurícide, Orfeo, Circe, entre otros, como intertextos para establecer pasajes, a veces onírico-simbólicos, que muestran los estados divagantes de las voces. Entrelazan la realidad circundante, la memoria clásica  con los relatos oníricos; entendido lo onírico, no como el sueño, sino como la alucinación que lleva a los estados internos: divagación de la mente. Así, las voces narrativas tienen un aire sigiloso: observan y viven como almas deambulantes.

En muchos relatos está presente el doble: la hija dispar con su madre, pero que la refleja a ella misma, o la mujer que descubre un ser dentro de ella, que le habla, la niega y contradice; o también,  la escritora/mujer poseída: “De pronto vi a una mujer que estaba envuelta en un peplo […] Soy una suplicante. He muerto varias veces y ahora me preparo para transmigrar. Antes tú y yo fuimos un mismo ser, pero cuando la tierra estalló y se disgregó, no separamos. Para que volvamos a estar unidas, tenemos que morir y despertar”.
En el relato “Mía de mí”, la narradora interactúa y apela a la autora —a Mía—: “Ha vuelto a temblar. Mía Gallegos. Mía de nadie. Mía de mí. Sin una biografía. Tierna. Casi ácida. Con un destino trazado y una cruz…”.

Esta multiplicidad, convertida en voces/dobles, mitos, madre/hija, niña/adulta/anciana, son mujeres con instinto de conservación; algunas que no alzan la voz y se resignan; narradoras aisladas del mundo: prisioneras de sus mentes, que viven ensimismadas; todas con un recorrido complejo y solitario: retiradas por decisión propia; silenciosas, porque su espacio interno es el espacio seguro que las guarda y cuida, porque “las mujeres no trasponemos el umbral; pese a ello, a mí me gusta divagar: es así como emprendo mis periplos”.

La oscuridad, la noche que es todavía noche, la que deja sin lumbre a las deslumbradas; es el tópico que nos invita desde el inicio el libro… Camina con los pensamientos y deja muchas preguntas: “Soy una mujer y no tengo respuestas, tan solo sé percibir el instante, el instante sagrado, ahí donde el tiempo se sustenta. En esa inmediatez se debaten los instintos, la piel se encuentra, la sangre fluye y aparece la mujer que va hundiéndose, naciéndose”. Con esas hermosas líneas finaliza el libro e inicia el gozo de haber leído un libro construido cuidadosamente, y muchas voces que se quedan acompañando  a los lectores.


lunes, 10 de marzo de 2014

Poemario Bitácora de los hechos consumados de Juan Carlos Olivas



** Presentación del poemario Bitácora de los hechos consumados en la Feria del Libro de C.R., 2013
                     Por : Emilia Fallas, lingüista, UNED

Olivas es un autor, joven aún, que se consolida fuertemente con su  obra general y, particularmente, con un poemario nítido en su construcción, por el cuidado que tiene  la elaboración poética, y por la fuerza comunicativa de los poemas.
     Bitácora de los hechos consumados, cuyos galardones y premios, muy bien merecidos, son su carta de presentación: no en vano, ha obtenido los premios Aquileo J. Echeverría  y el Premio otorgado por la Academia de la Lengua Costarricense.
Este poemario está trabajado de manera muy minuciosa, al utilizar un lenguaje altamente sugestivo y provocador, pero, especialmente, integrador del discurso poético, que evidencia la fuerza y la tensión de las imágenes que presenta y que traslada desde los detalles mínimos del lenguaje, hasta una descarga muy fuerte de significados. Nos lleva a una poesía desgarrada por la misma temática que encierra: soledad profunda, muerte, angustia y poemas cargados de misticismo, de dolor, de inconclusión de la vida, del amor, de espacios internos sombríos.
               Me llama la atención, primero,  el cuidado como fue estructurado el poemario. Aquí el ordenamiento y la conformación de las partes tienen una intencionalidad, yo diría, provocadora de una multiplicidad semántica (como lo vería Ricour: un estado de tensión entre el sentido literal y la plurisignificación).
La estructura del poemario impresiona, porque no se trata de capítulos o partes del libro, a los que se les pone un título, sino que su constitución en movimientos musicales, están absolutamente bien cohesionados con la estructura y sentidos de los poemas internos de cada movimiento, y con  un hilo integrador entre el poemario y los contenidos. De tal forma que,  cuando se está leyendo el poemario, pareciera que empezáramos a caminar por un espacio, de algún modo, místico (que nos evoca el mismo  lenguaje y la estructura del libro), pero que, la misma estructura nos provee de un espacio casi audible, sonoro de la música clásica en un lugar y ambiente, imaginario,  místico, triste, como la misma desolación del hablante lírico que despierta el  discurso.
En otras palabras,  tanto la estructura, el ordenamiento y el discurso son capaces de generar una ambientación constante y consistente desde que inicia el poemario hasta que termina.
Esa integralidad conlleva la fuerza provocadora de sentidos en el poemario. Pareciera que todo el universo del texto está hecho y logrado intencionalmente para construir un mundo poético propio  e independiente, para generar la tensión poética.
Este recurso es uno de lo mejor logrados que he visto en un poemario pues, como lectora me lleva,  a  percibir ese mundo, y esa sonoridad que provee la ambientación… Y no estamos hablando de narrativa; seguimos hablando de poesía que nunca pierde su naturaleza y cohesión  discursiva en el poemario.
En el yo lírico,  encontramos un ser consistente con una personalidad atormentada, desolada; a veces, lúgubre, más cercana a la muerte o la soledad que a la vida.
Este yo lírico se convierte casi en un personaje, apegado y consistente con la ambientación que mencionaba antes. Pero lo más interesante es que el poemario  ha logrado unificar tan bien todas las partes, que nunca deja o pierde la nitidez de la construcción de imágenes poéticas con la consistencia y fuerza semántica de lo sombrío y triste que comunica el hablante lírico.
Nunca, deja de ser poesía y nunca  pierde la calidad de la imagen poética.
Indiscutiblemente, solo estoy mencionando una pequeña parte de la elaboración discusiva de este poemario, pero creo que el nivel de este poemario es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos ya en nuestra historia literaria costarricense, porque da un salto a una elevación poética integral entre la forma, el contenido y la provocación de sentidos de una manera sincronizada; pero que,  lejos de llevar al lector a una lectura rígida, quizás por esa estructura tan elaborada, logra, más bien, cargar de una fuerza sensorial profunda.
      Yo, por mi parte, me siento muy contenta y orgullosa como lectora, pues en tiempos en que se habla tanto de los premios, creo en estos dos (el Nacional y el de la Academia), no hubo margen de error. Es un poemario muy cuidado y  pensado integralmente. Yo lo veo, finalmente, como una cadena de palabras, estructuras y sentidos que nunca se rompe.


Palabra de libélula

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